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Mario Contreras (71), poeta Chilote:


Malestar en la cultura: “Hoy en día los escritores gritamos en las calles y nadie nos escucha, incluso  nos tildan de borrachos o locos”

 

  • El poeta y escritor de una veintena de obras de literatura local y nacional, participó como jurado y expositor del lanzamiento del libro de crónicas y cuentos: Ausente Señorita. En dicho contexto, se dio el tiempo para charlar sobre su vida, su educación interrumpida y autodidacta, sus inicios como escritor y poeta, sobre el rol y la importancia que tiene la literatura en la cultura chilote y cómo ésta puede ser el ‘vehículo’ que libere a los jóvenes de lo que él considera un “estado de adormecimiento” producto de “una sociedad individualista, egocentrista y enajenada por el consumismo propio de un liberalismo salvaje, que adormece las mentes, transformando a las personas en entes, de un discurso fácil y liviano, manejable por el fascismo hegemónico”.

 

 

Político, escritor y poeta que, aunque nació en la región de Aysén, Mario Contreras Vega forma parte de la cultura del Chiloé continental, que abarca desde la localidad Valdivia hasta la región de Magallanes. A sus 71 años, Mario Contreras demuestra gran vitalidad en su actuar. Alto, flaco, de test blanca y con un impecable y cándido bigote, que al igual que su lisa cabellera  -protegida de la lluvia por su gorro estilo gaucho típico del folclor chilote – son los matices que dan cuerpo a quien fue Concejal por la comuna de Castro en dos oportunidades: la primera en el año 2001 por el Partido Comunista. La segunda vez fue el periodo siguiente, en el 2005 por el pacto Juntos Podemos Más.

Mario, al igual que muchos chilenos, fue uno más de los que por distintos motivos no pudo terminar la educación media de manera “formal”, teniendo que dar exámenes libres en instituciones educativas de modalidad ‘2×1’. “No terminé cuarto medio por una serie de razones que no vienen al caso explicar ahora. Pero el hecho, que en lo formal no hice estudios de horario completo, si no que di exámenes libres para terminar mi educación. Incluso así, entré a la universidad, saqué un buen puntaje en mi prueba. Yo tenía la ventaja de que era un lector ‘infatigable’, casi profesional desde los 11 años. Cuando muy pequeño fue lector de la biblia, luego a los 9 años cayó en sus manos ‘Las Mil y Unas Noches’ de estos autores anónimos persas”, asegura.

Sin embargo,  este ‘lector empedernido’  es considerado dentro del pequeño grupo de escritores que comenzaron su producción literaria, antes de la dictadura, impulsando el movimiento literario ‘Aumen’, agrupación de una profunda raigambre local. Posterior a dicho suceso lo continuó haciendo. Aún permanecen legibles las seculares tintas de su esfuerzo por contribuir, a lo que él llama ‘el despertar de la conciencia’. Dentro de sus trabajos, destacan obras en el ámbito de la poesía como: La Gallina Ciega y Otros Poemas (1993), Canción para Jinetes y Caballos (1996), Notas de Viaje (1999). En la dimensión de las obras narrativas escribió la novela ‘Pedro Ñancúpel, Pirata de Chiloé (2002)’ y en el género de cuentos: ‘Historias del país de las aguas (2010)’. A su vez, en el área de las crónicas, destacan: ‘Plantas alimenticias y medicinales de Chiloé” (2006), Valdivia: El Kultrún’ y ‘Cien años de Literatura en Chiloé” (2014), Santiago: Oximóron y Alquimia Ediciones’.

Afuera de la biblioteca Pública de Castro, en un día nublado, este escritor de humilde actitud,  hace un repaso del estado actual de la cultura de este insular pueblo abatido por lo que él considera “una sociedad individualista, egocentrista y enajenada por el consumismo propio de un liberalismos salvaje, que adormece las mentes, transformando a las personas en entes, de un discurso fácil y liviano, manejable por el fascismo hegemónico”.

En definitiva, Mario reflexionó sobre la cultura y el malestar que le genera la  trivialidad que ésta posee dentro del ámbito educacional y político, en el contexto de su participación como jurado en el Concurso de Crónicas y Cuentos 2017 ‘Ausente Señorita’. “Soy un ser indefinido socialmente, pero no políticamente. Sé de dónde vengo y sé a dónde voy. Simplemente contradictorio. Tengo absoluta confianza y fe en el hombre y el futuro, pero a su vez absoluta desconfianza en aquel que me provee y aquellos que me proveen la fe. Afirmó que la cultura es el elemento central de la  identidad chilota. “La cultura que nos identifica, la cultura que nos hace diferente del resto del país,  nos da las herramientas y las armas necesarias para poder avanzar en una sociedad más justa y luchar por unir y democratizar la sociedad”.

-¿Cuál es su apreciación de la actividad cultural y el rol que ella juega en el Archipiélago de Chiloé en la actualidad?

“Curiosamente y sin pensar en esta entrevista, ayer estaba revisando mis carpetas y papeles que manejo sobre el escritorio en el que realizo mis labores y me encontré con un ensayo que hacía alusión al papel de los escritores en el reconocimiento de la historia e identidad del pueblo chilote y la necesidad de asumir una conducta para fortalecer la cultura de Chiloé a partir de nuestra creatividad. Ese artículo fue escrito en  noviembre de 1993.

El tema es que en esa época ya existía un análisis  completo de lo que habíamos logrado hacer. Con un grupo de escritores, quienes sentíamos que teníamos la capacidad de pensar en el futuro, nos dimos cuenta que, en primer lugar, antes de pensar en el futuro teníamos que conocer nuestro pasado, de dónde surgimos, de dónde se tomaron las razones de nuestro desarrollo (…) A partir de ahí, una vez que conocimos el pasado, tuvimos que elaborar propuestas para el futuro. Dichas propuestas partían sobre el desarrollo de la cultura como elemento central que permita a los chilotes manejarse en torno a su identidad  a reconocerse como pueblo autónomo y generar que los externos –que deciden acerca de las políticas de Chiloé- lo asuman de ese modo también.

Sin embargo, 25 años luego de haber generado dicho análisis, pudo afirmar que estamos aún en el mismo punto, no hemos avanzado nada.

“Curiosamente en el año 93, se encontraba ya  asentada la ‘democracia’ y supuestamente habíamos derrotado a la dictadura y por lo tanto se abrían caminos nuevos en pro del desarrollo completo para el ser humano chilote que sufrió los avatares de ésta dictadura. Me parece también, que desde el año 93 en adelante, comenzaron las transfiguraciones de nuestros contertulios, compañeros y amigos, que militaban con nosotros en las tareas contra la represión. Empezaron los arreglos de cuenta entre ellos, no en cuanto a hacer justicia, si no que acomodarse política y económicamente. Así también se dio inicio a las traiciones, todo ese cúmulo de repartijas de gobierno, estatales: ‘Puestos por aquí y puestos por allá’, los cuales fueron enfriando del quehacer social a la comunidad y a los actores culturales, que durante años dimos gritos de ciego ante una ciudadanía sorda de sumarse a las tareas que le proponíamos.

Con cierta ironía y asomando una tímida risa entre sus labios, el poeta afirma que, a diferencia de la época de dictadura, ahora estamos en un periodo en el que supuestamente ‘llego la libertad’. Sin embargo hace hincapié en que  “Hoy en día estamos en el piso, sin capacidad de reacción. Los escritores gritamos en la calle y nadie nos escucha, o nos tratan de borrachos”.  Tiene un poema que plantea esa temática:

Llegó la libertad –me dije-  y puedo gritarlo hasta en la plaza. Pero ahora -que puedo gritarlo- ya nadie me quiere escuchar. Ahora, me tratan de borracho, o que estoy loco, si es que ando gritando ese tipo de cosas (…)

La cultura está en estado de no nacimiento todavía. Efectivamente hay muchos punteos, por aquí y por allá. Hay gente que está en todos los ámbitos de la cultura: Hay gente haciendo talleres de saberes chilotes, saberes autóctonos, otros potenciando obras  audiovisuales, de teatro, de música, de poesía, escribiendo novelas… etc.  Lo curioso, es que  ni los conocemos, siendo que muchos de estos chilotes han sido reconocidos y premiados a nivel nacional.  A pesar de ellos, estamos cada día más enajenados por el consumismo, por el crédito, por las deudas, y por el discurso fácil de las telenovelas propio de un liberalismo desatado, que nos ha doblado la mano y que nos tiene de rodillas  prácticamente mirando como el fascismo se apodera de nuestra tierra, 23 años después que pensamos que habíamos re descubierto la democracia.

¡La cultura es esencial!, ¡Pero una cultura vivida!, exclama el poeta. Vivida por nosotros en su totalidad, entregados y convencidos que con esta arma vamos a salvar el mundo, vamos a salvar a los jóvenes, abriendo causas y puertas nuevas que puedan generar espacios de reflexión. La cultura tiene una tarea que realizar y no lo está haciendo. El egocentrismo, la mezquindad, el individualismo, nos está ganando.

 

-¿Por qué participó de jurado en el Concurso Literario ‘Ausente Señorita’?

Por eso me parece tan interesante participar de este tipo de iniciativas culturales, frente a muchachas y muchachos, que todavía pueden creerse el cuento de que aprender a escribir, contar sus experiencias, abrir su mente y su corazón, les puede cambiar el mundo, porque van a descubrir que en su historias sí hay un interés cierto y declarado, y que esas historias van generar un proceso de limpieza desde su interior, lo que les permitirá seguir desarrollando más historias de cosas que están guardadas en su memoria ancestral –tal vez- y que todavía no se atrevían a soltarlas. Escribir una primera historia nos abre la puerta para escribir todas las demás que tenemos guardadas en lo profundo de  nuestro corazón, ya que no pertenecen a nuestras vivencias, si no que nacen de nuestros antepasados más remotos.

Estas se van acumulando en alguna parte, y nosotros les hemos cerrado la puerta de ese conocimiento y esas historias, pero al lograr abrirla, vamos a descubrir que lo que nosotros estamos contando hoy en día, son las historias vividas por  nuestros tatarabuelos en condiciones similares. La historia es un ciclo que se repite constantemente, para que nosotros aprendamos y corrijamos los errores. No todos los hacen, lamentablemente.

 

-¿Qué significó esta experiencia y cómo la evalúa?

Las personas que escribieron estas historias, algunos de ellos presentaban un grado de dificultad manifiesto en la forma redactar las historias. Sin embargo, eso quedaba superado cada vez que ellos encendían una luz nueva, una imagen que no la teníamos presente nosotros. Al relatar y entrar a la médula de porqué dejaron de estudiar en su época, teniendo que superar una serie de dificultades familiares, sociales. Escarbar dentro de sí mismos, para convencerse de que era necesario y posible seguir estudiando. Eso los transforma en historias muy positivas, ejemplares, y muy necesarias a la hora de asumir un nuevo futuro.  Si no somos capaces de repasar nuestra vida, de declararse analfabeto, nunca va poder alfabetizarse.

Este ilustre Chilote comenta que el jurado, miraba con ojos profesionales los textos que llegaron, y ahí categorizaban. “Esto no es cuento, esto es un testimonio, etc.” Pero luego de darse cuenta de cuál era el sentido y qué significaba para esas personas dichos textos, notaron que tenían que dar una valoración diferente en función al aporte a la vida de los participantes de éstos concursantes que participaron de este noble concurso impulsado por Vínculos Chiloé.

Resalta que entre todas las obras que llegaron al concurso, hay un par de autores que destacan del resto. Son escritores muy originales, muy fuertes, profundos y duros sus textos. Hay una catarsis, una fuerza creadora muy hiriente. Creo que ellos tienen mucho espacio para seguir avanzando. Me siento muy contento de haber participado como jurado, como lector y como ciudadano del concurso de Crónicas y Cuentos 2017 “Ausente Señorita”.

-¿Qué rol puede jugar este tipo de experiencias en la vida de personas que no han concluido sus estudios?

Yo también, al igual que los participantes del concurso, soy un autodidacta. No terminé cuarto medio por una serie de razones que no vienen al caso explicar ahora. Pero el hecho, que en lo formal no hice estudios de horario completo, si no que di exámenes libres para terminar mi enseñanza. Incluso así entré a la universidad, saqué un buen puntaje en mi prueba. Pero yo tenía la ventaja de que era un lector ‘incasable’, casi profesional desde los 11 años. Cuando muy pequeño era lector de la biblia, luego a los 9 años cayó en mis manos Las Mil y Unas Noches de estos autores anónimos persas. A partir de ahí todas esas historias de relatos legendarios como el de Simbad el Marino, Alibaba y los cuarenta ladrones propios de la obra Las Mil y una Noches, que se desarrollan en el mismo sitio geográfico que se plasman las historias que relata la biblia. Ese hecho, de tener dos lecturas, por un lado una lectura profana y por otro una lectura sagrada (o considerada sagrada por los cristianos) se unieron y eso mi avivó el interés seguir leyendo.

Añade que “todos nos iniciamos leyendo primero, para poder escribir hay que leer mucho. Y si nuestros primeros libros no son interesantes, nos van a matar el interés por escribir o tratar de decir cosas nuevas en el mismo idioma que todos conocemos”.

 

-¿Cuál es el rol que pueden jugar los escritores e intelectuales de Chiloé con la realidad de personas excluidas del derecho a la educación?

“Soy un escritor que siempre piensa que lo social es más importante que lo individual y que un colectivo tiene más importancia que lo individual. Explica que hace más de 25 años en Chiloé, cuando nació el taller literario ‘Aumén’, el que luego se diversificó a diferentes escuelas de las provincias, comenzaron a generarse una vez al año encuentros comunales, provinciales y regionales de talleres de escritura. En muchos de ellos, nosotros los escritores mayores participábamos como jurado, los cuales finalizaban con sesiones de un trabajo reflexivo y más profundo con los profesores y alumnos.

Desde siempre quisimos mantener ese trabajo. Hemos insistido frente al Ministerio de Educación para que en los colegios se lleve a los escritores a conversar con los alumnos. Sabemos que hay muchos profesores de Lenguaje y Comunicación que no tienen un amor por los libros, no les interesa (…)

¿Entonces, quiénes más que nosotros los escritores – interesados en que se divulgue la literatura- son los más capaces de motivar este tipo de instancias? La tarea de nosotros hoy en día es esa: Seguir insistiendo sobre el Estado que los escritores actúen en las horas de clases, en las bibliotecas, en instancias culturales que ayuden al despertar social y político de la conciencia de los jóvenes”.