Javiera Ibáñez, Coordinadora territorial en Reinserción Educativa:

“Creemos en el aprendizaje  que permite conectar

al estudiante con su vida real en el espacio-escuela”

 

  • Las escuelas de Reingreso nacen con el propósito de encantar y construir el camino para que la persona vuelva a confiar en sí misma, en sus capacidades, en sus saberes y así, recuperé su condición de estudiante, de aprendiz, a través de relaciones horizontales y amorosas. Nuestros proyectos de Reinserción han tenido el nombre de “La escuela más allá de la escuela”, en esta línea entendemos una escuela abierta, que va itinerando por localidades de nuestra Isla, en una búsqueda de comunidades que tengan la necesidad de recuperar sus procesos educativos inconclusos, y con trayectorias educativas interrumpidas.
  • Existen distintos factores que van alejando a los jóvenes paulatinamente del espacio educativo, excluyéndolos. El contexto socioeconómico de vulneración social, segregación, exclusión y pobreza. Además del fracaso escolar, la vulnerabilidad social, expresada en problemáticas tales como socialización temprana en calle, consumo de drogas y alcohol, vulneración de derechos en ámbitos de abuso, violencia intrafamiliar, infracción de ley, inserción temprana al mundo laboral, segregación espacial-territorial, privación cultural, aislamiento a servicios básicos  ausencia de adultos significativos en relación al acompañamiento en sus procesos educativos.
  • Nuestro CEIA (Centro de Educación Integral de Adultos y Jóvenes) se transforma, se convierte en Escuela de Reingreso. Se proponen nuevas metodologías basadas en pedagogías que rompen el paradigma tradicional conductista de la educación regular, dando el salto hacia una pedagogía que pone al centro al estudiante, él o ella es protagonista de sus procesos de aprendizajes. Apostamos así al aprendizaje basado en proyectos, que permite conectar al estudiante con su vida real en el espacio-escuela, promoviendo aprendizajes sustantivos y significativos.

Javiera Paz Ibañez Fernandez (35) es oriunda de Santiago,  estudió la carrera de sociología en la Universidad de Chile, en donde posteriormente realizó un diplomado en trabajo con jóvenes. Reconoce que desde antaño se interesó por el trabajo en educación con adolecentes. Fue coordinadora territorial en varios proyectos no sólo educativos, hasta que llegó a trabajar a la Fundación Educacional Cristo Joven, en Peñalolén. El 2014 participó en un proyecto de Retención  Educativa en una escuela básica municipal en la comuna de Quilicura, en la población Pucará. Al año siguiente, se incorporó en el proyecto de reinserción como Coordinadora Territorial en Lo Hermida, específicamente en El Parral, abriendo en una Junta de Vecinos una escuelita de Reinserción.

En 2016 llegó a la Comunidad de Aprendizaje Vínculos Chiloé,  para sumarse al equipo de reinserción como coordinara territorial. A su vez,  se sumó al equipo de reingreso, que lo conforma en su mayoría todo el equipo de la escuela, más otros profesionales como ella. Se define como una mujer trabajadora de las ciencias sociales y del trabajo comunitario y social, sumándose recientemente a su rol de mamá de la pequeña Aurora. Comenta que ingresar al equipo Vínculos Chiloé ha sido una experiencia llena de aprendizajes, aciertos y errores, dificultades y posibilidades.  Afirma que dentro de este espacio se genera un trabajo consciente, crítico de la sociedad y el territorio donde me situó y donde trabajo, hay que implicarse, hay que guiar y acompañar.

-¿Qué rol desempeñas en los proyectos de Reinserción y Reingreso?

Mi rol en Reinserción y escuela de Reingreso fue de coordinadora territorial. Rol fundamental en estos proyectos, por como entendemos el fenómeno de la exclusión educativa y como ésta se manifiesta en el Archipiélago de Chiloé. Digo esto, ya que los proyectos de reinserción y reingreso no se entienden sin un brazo puesto en el territorio, en el conocimiento y análisis de éste, primero desde la observación y diagnóstico, luego abriendo un trabajo comunitario para la inserción territorial, para concluir en el trabajo socioeducativo para y con las y los habitantes. Nuestros proyectos de Reinserción han tenido el nombre de “La escuela más allá de la escuela”, en esta línea entendemos una escuela abierta, que va itinerando por localidades de nuestra Isla, en una búsqueda de comunidades que tengan la necesidad de recuperar sus procesos educativos inconclusos, y a su vez en un “puerta a puerta”, encontrando a el niño, la niña, el joven, la joven con trayectorias educativas interrumpidas.

Se hace necesario hacer este trabajo itinerante, ya que es en los sectores rurales donde hemos encontrado una gran cantidad de personas que por razones de accesibilidad, trabajo temprano, cuidado de hijos y/o familias, y por otra parte, por la  incomprensión y la poca o nula flexibilidad de las escuelas para dar respuestas diversas a la heterogeneidad de los sujetos/as que en ellas participan y de sus diversas realidades, han abandonado sus estudios, negando el derecho a la educación, derecho fundamental para el ejercicio de otros derechos, y para el desarrollo y transformación tanto del ser individual como de nuestra sociedad. La escuela se vuelve entonces, en un espacio homogenizador y exclusivo para estudiantes que se ajustan a sus estructuras y modelos rígidos.

 

-¿Qué diferencias existen entre Escuelas de Reingreso y Proyectos de Reinserción?

Las escuelas de Reingreso nacen con el propósito de dar respuesta a la problemática antes descrita, los proyectos de reinserción son insuficientes, ya que están destinados a una población menor de 18 años que no se encuentra escolarizada, son por periodos de tiempos acotados, que si bien permiten construir un proceso con los y las participantes y los equipos multidisciplinarios, tienen una duración de un año. Su objetivo es re encantar y construir el camino para que la persona vuelva a confiar en si misma, en sus capacidades, en sus saberes y así, recuperé su condición de estudiante, de aprendiz, a través de relaciones horizontales y amorosas.

Quien vuelve a la escuela, vuelve al mismo sistema del que fue excluido, es necesario entonces, que este sistema no siga reproduciendo esta exclusión, y que existan nuevas alternativas pertinentes a esta población. Las escuelas de reingreso responden a esto, aun son proyectos sujetos a licitación pública, con tiempos acotados y fondos acotados también, la sociedad civil e instituciones de trabajo en educación y derechos de la niñez y la juventud, han puesto su lucha en que esto no sea así, y que la escuela de reingreso sea política pública para la inclusión y la justicia educativa y social. Nuestro CEIA se transforma, se convierte en escuela de reingreso, con nuevos recursos, profesionales y con la posibilidad profundizar y dar estabilidad a los procesos que ya se venían realizando en nuestra escuela. Se proponen nuevas metodologías basadas en pedagogías que rompen el paradigma tradicional conductista de la educación regular, dando el salto hacia una pedagogía que pone al centro al estudiante, él o ella es protagonista de sus procesos de aprendizajes, con el objetivo de que los estudiantes se impliquen en lo educativo, donde el aprender haciendo, y el aprendizaje fundado en la experiencia son ejes centrales.

Apostamos así al aprendizaje basado en proyectos, que permite conectar al estudiante con su vida real en el espacio-escuela, promoviendo aprendizajes sustantivos y significativos. Y nos aproximamos a una escuela de oficios, que persigue estos mismos postulados, promoviendo un aprendizaje activo y creador, buscando el desarrollo de sus talentos y habilidades. Relevamos saberes locales, para la creación y la investigación. Nuestros barrios, sus habitantes, la artesanía local, el trabajo en madera, la lana y los metales, entre otros, han sido nuestros sujetos de estudio, nuestros campos de saberes y de trabajo artesano.

-¿Qué diferencias hay en los conceptos exclusión y deserción educativa?

Hablamos de exclusión educativa y no de deserción, ya que este último concepto pone la responsabilidad de la acción en el sujeto/a, es aquel el que deserta del sistema, imposibilitando problematizar y dar cuenta sobre los reales factores que llevan a un niño, niña, adolescente o joven a abandonar el sistema regular. Atribuimos a este fenómeno factores externos, como los mencionados anteriormente, pero también internos, del propio sistema educativo, el cual es incapaz de disponer modelos pedagógicos pertinentes y significativos a los contextos de sus estudiantes y de las comunidades en donde se encuentran.

 

-¿Por qué estos jóvenes no asisten a la escuela ?

El abandono de la escuela no es algo que se presenta de un día para otro, es un proceso, en el cual el o la estudiante se va alejando paulatinamente del espacio educativo, y no es un proceso aislado, sino que el contexto juega un papel importante, son las relaciones entre el estudiante, su familia, la escuela y la comunidad, las que inciden en la exclusión final del sujeto/a con respecto al sistema.

En este fenómeno, convergen distintos elementos; el contexto socioeconómico de vulneración social, segregación, exclusión y pobreza. En nuestra población de estudiantes se conjugan el fracaso escolar (repitencia, ausentismo, bajo rendimiento, sumado a malas experiencias entre pares en las escuela, malos tratos y baja responsabilización de la comunidad educativa como generadora de un espacio amable e integrador) con condiciones de vulnerabilidad social, expresada en problemáticas tales como socialización temprana en calle, consumo de drogas y alcohol, vulneración de derechos en ámbitos de abuso, violencia intrafamiliar, infracción de ley, inserción temprana  al mundo laboral, segregación espacial-territorial, privación cultural, aislamiento a servicios básicos (para este caso; el acceso a la escuela), ausencia de adultos significativos en relación al acompañamiento en sus procesos educativos a causa del régimen laboral implantado por salmoneras y pesqueras que se basan en sistemas de turnos, y familias con baja escolaridad (analfabetismo/básica incompleta/media incompleta).

Es esta compleja combinación de vulnerabilidad e inestabilidad educativa y psicosocial la que profundiza las dificultades para la permanencia y la consecución de logros educativos de nuestros y nuestras estudiantes. Por otra parte, y como ya lo mencioné, se encuentra la escuela expulsora, sistema que históricamente ha reproducido la diferencia de clases sociales, la segregación y la discriminación. Cerrada en su estructura homogenizadora y disciplinadora, no da respuestas a niños, niñas y jóvenes que no se adaptan a su modelo.

Es importante destacar, que no solo se conjugan estos factores negativos, que una escuela nueva es posible, con estos chicos y chicas se abren las posibilidades, ya que quieren estar, volver a ser presente, aprender, ser visibilizados, escuchados, contenidos, abrazados, legitimados, y así explotar sus habilidades, sus conocimientos y sus potencialidades. La escuela no es solo el lugar para el aprendizaje en lo académico, es constructor de posibilidades de transformación de y para todo ámbito de la vida.

 

 

-¿Cuál es la realidad educativa de los jóvenes a nivel rural y urbano?

Los proyectos de reinserción trabajan con niños, niñas y jóvenes menores de 18 años que se encuentran fuera de la escuela, las escuelas de reingreso tienen su foco en jóvenes hasta los 22 años que se encuentran matriculados en la experiencia. Los y las estudiantes tienen en promedio 4 años de rezago escolar (en ambos casos).  En los territorios rurales, a diferencia de los urbanos, muchos niños, niñas y jóvenes han visto interrumpidos sus estudios debido al difícil acceso a la escuela, en general han terminado su enseñanza básica, pero no lograron seguir la enseñanza media, ya que los liceos se encuentran en los centros urbanos, y muchos no tiene los medios o el tiempo para viajar o internarse. El trabajo temprano en el campo y en la leña es otro factor determinante en la continuidad de estudios, sumado al trabajo en salmoneras y pesqueras.

Otro factor es la migración campo-ciudad, pero no con el objetivo de estudiar, sino que de buscar una “mejor vida” y posibilidades de “mejores empleos”. Es en los sectores rurales, según la experiencia de itinerancia, en donde hemos encontrado el mayor compromiso de los y las jóvenes con sus procesos educativos, pero el trabajo de generación de confianzas debe ser mayor, ya que muchos han tenido experiencias frustrantes en lo educativo, tanto particulares como de comunidades enteras, que han sido engañadas por instituciones que dejaron inconcluso los procesos, dejando a los y las estudiantes sin certificación, etc.

Es también en la ruralidad donde he visto las realidades mas crudas, donde se conjugan la pobreza y el aislamiento, el frio y el trabajo duro de la tierra, la dispersión en los asentamientos, pero a pesar de esto, aun se conservan redes entre las comunidades rurales. Si en las poblaciones urbanas se cristaliza las desigualdades y la segregación socio-territorial, en ciertos sectores rurales podemos observar lo mismo. Debemos movernos, recorrer, reconociendo estas realidades, abriendo las posibilidades para que retomen sus estudios y que la nueva experiencia dentro de la escuela sea exitosa, pero también se abren los caminos hacia nuevos aprendizajes, nuevos tipos de relaciones, con el objetivo de formar hombres y mujeres críticos de sus realidades y sus vidas.

 

  • ¿Cuál es la experiencia que tú has tenido y cómo la evalúas?

Es una experiencia llena de aprendizajes, aciertos y errores, dificultades y posibilidades. Es un trabajo consciente, critico de la sociedad y el territorio donde me situó y donde trabajo, hay que implicarse, hay que guiar y acompañar. Muchas veces lo que uno propone o se imagina no funciona, y hay que deshacer y volver a hacer, hay que desaprender las estructuras que se han instalado en nuestras cabezas, en nuestras formas de pensar y hacer, hay que echar a la basura patrones viejos y conservadores, entender la multirealidad, la complejidad social, eso es una tarea diaria. El profesional que trabaja en esto, debe realizar un trabajo sincero, construyendo relaciones verdaderas con sus equipos y con y para quienes trabaja, eso los niños, niñas y jóvenes lo leen, lo saben. Ese niño, niña y joven es un ser humano que debe estar al centro de nuestro quehacer, es un sujeto de derechos, que los debe exigir, y nosotros como sociedad civil, yo como profesional de las ciencias sociales debo velar por defenderlos, respetarlos y exigirlos también.

Es un construir junto, desde relaciones horizontales, debemos ser profesionales en constante formación y apertura, flexibles, en donde el otro/a es un legitimo otro/a. Me gustaría que el alcance fuera mayor, la transformación mas acelerada, pero los procesos tienen sus tiempos, debemos contribuir a eso, a ser seres humanos libres, protagonistas de nuestras vidas, y a la justicia social.